Después de los muertos y los daños, respuestas
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Por Mario Alarcón Muñiz*
Después de los muertos y los daños, respuestas
 
El conflicto policial y sus derivaciones han alterado a los argentinos. En Entre Ríos la situación no se agota en el aumento de sueldos. La reforma policial es el reclamo para adecuar el servicio a la realidad actual.

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Fecha:16/12/2013 9:27:00 
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¡Vaya semana esta de los 30 años de la democracia! La hemos vivido con preocupación, no exenta de angustia según el lugar y el momento. Protesta policial en 18 provincias, acuartelamientos, saqueos, desorden, 12 muertos, numerosos heridos, daños, destrucción de bienes públicos y privados, vándalos disfrazados de indigentes en unos casos o de hinchas en otros, funcionarios que explican o definen algo ahora y cambian al rato hechos que en conjunto nos sitúan en un territorio inhabitable. Nadie quiere vivir así, en “un estado de sublevación colectiva”, conforme lo definió Pérez Esquivel.
En consecuencia, ni fuegos artificiales ni bailantas por los 30 años. El mejor homenaje a la democracia consiste en apearse, desensillar, dejar las armas en la puerta, reflexionar, dialogar, consensuar, siempre al amparo del orden institucional que cubre nuestra vida en sociedad. Es decir, una actitud inteligente.
Lo más simple es atribuir lo sucedido a “poderes extraños” o “conspiraciones destituyentes”. Ya lo hemos escuchado en otras ocasiones. Cuando algún problema es difícil de explicar o puede complicar a quien procura hacerlo, la mejor salida consiste en culpar a Mandinga.
Es probable que ciertos casos puedan ser alentados por negras intenciones -vaya a saber de quién- y conviene estar prevenidos. Pero resulta difícil de entender que ese alguien (sea persona, organización o sector) tenga tanto poder como para provocar el desbarajuste nacional de los últimos diez días. Si así fuera, lo ocurrido delata fallas graves de información, seguridad, comunicación, prevención y detección de nidos delictivos o conspirativos.

Discordia, sublevación y acuerdo
En Entre Ríos la situación no fue muy distinta a la de otras provincias. Se focalizó en Concordia, donde un joven murió y otros dos se encuentran muy graves desde el lunes.
Unos 50 efectivos policiales, en su mayoría suboficiales, se autoacuartelaron el domingo en la jefatura departamental en demanda de un mejor salario, abandonando la ciudad y la gente a lo que fuere. Igual que en Córdoba, Tucumán y Chaco, hasta ese momento. Abandonando es una manera de decir, pues en Concordia los policías son mucho más que 50. ¿Y el resto?
El gobernador y el ministro de Gobierno viajaron a Concordia. “No negociaré con sublevados”, se apresuró a aclarar Urribarri. Horas más tarde estaba sentado con los sublevados, negociando. Tras el acuerdo que otorgó los aumentos salariales requeridos por los autoacuartelados, la clásica foto a toda sonrisa alrededor de una mesa. Como en un truco.
En el último punto del convenio, el gobernador se comprometió a no sancionar a los sublevados, quienes a su vez retomaron el servicio de inmediato. A todo esto unos 40 comercios de Concordia habían sido arrasados, no por los pobres, que en esa ciudad alcanzan un alto porcentaje de la población, sino por hordas de delincuentes armados.
Aunque intentó demostrar su sentido práctico de la política, no estuvo feliz el gobernador comentando su intervención en el conflicto: “Yo tenía la Constitución y las leyes, la justicia lista para ocupar su rol, pero sentí que no me servían”, confesó al destacar que había “pensado en la gente”. Es probable que Urribarri lo ignore, pero eso mismo solía argumentar Mussolini en determinadas circunstancias.

Proteger a la sociedad
Está claro que a la Policía le está vedado protagonizar episodios como los de estos días. Por separado del convenio de Concordia, que es de orden administrativo, el procurador general del Superior Tribunal de Justicia, Jorge García, acusó de sedición a los participantes de la protesta, anunciando la iniciación de acciones legales a partir de la identificación de los amotinados, procedimiento que ya está en marcha.
De manera simultánea, una investigación judicial ordenó allanamientos que han permitido comprobar la vinculación de algunos efectivos policiales con saqueadores. El dolo de unos pocos no compromete al resto, pero contribuye a desviar la cuestión salarial hacia otro terreno.
El funcionario policial, cualquiera sea su rango, es un trabajador que merece un salario digno. Además juega el pellejo. Esto no se discute. Se cuestiona, en cambio, la forma elegida para plantear el problema, pues no se trata de un empleado común. De su servicio depende la seguridad pública. Y está armado. No puede usar el arma y las instalaciones del Estado para formular un reclamo abandonando a la gente a su suerte.
De su sindicalización podrá hablarse. Es un tema de debate. De su deber no. Es el de proteger a la sociedad.

Reforma y capacitación
La Presidenta reclamó el martes a los gobernadores “una profunda reforma policial”. Algo parecido expresó el juez de la Corte Suprema, Raúl Zaffaroni, el jueves: “El modelo policial es antiguo”. Y es cierto. En 30 años de democracia o en una década de este gobierno, a nadie se le ha ocurrido una reforma que abandone las viejas estructuras de la dictadura y organice una policía debidamente capacitada con criterios y procedimientos modernos, inclusive científicos.
El senador Guastavino, con muy buen criterio, se pronunció en ese sentido durante la semana. No obstante, cabe recordar que al comenzar 2004 el gobierno provincial (Busti gobernador, Guastavino vice, Urribarri ministro de Gobierno), disolvió la Facultad de Ciencias de Seguridad de la UADER. La licenciatura continuó vigente en el marco de Ciencia y Tecnología, pero la facultad especializada con todo lo que significa como ámbito de profundización e investigación académicas, se extinguió, vaya a saber por qué motivos. Y van casi diez años.
En síntesis, al margen de reclamos y reproches, la realidad demanda respuestas encaradas desde ángulos modernos. Tarde lo advirtieron quienes están obligados a responder. Ya hay muertos y desorden. Pero hay que hacerlo.

*Periodista - Escritor - Conductor del programa "La Calandria", que se emite por LT14 Radio Urquiza de Paraná - Esta columna fue publicada en el Diario El Día de Gualeguaychú el 15 de diciembre de 2013

 
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